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Comienza el año y una vez más buscamos alcanzar el equilibrio, ese que nos permita encarar no sólo los grandes dilemas de la vida, sino las pequeñas situaciones cotidianas.

El cuerpo, el alma, la razón, los pensamientos, nuestra energía, las sensaciones y las emociones se articulan dentro de nuestro ser.

Debemos ser concientes de nuestras virtudes y defectos e intentar pulir aquellos tips que podamos modificar. Seamos responsables de nuestros actos, no el de las demás personas. Cuando tengamos cosas pendientes que hacer, seamos realistas, no aumentemos mucho la lista, quizás ocurra que no somos capaces de decir que no a la gente, pero debemos aprender, ya que nos cargamos de mucha energía.

Es importante conectarnos con nosotros mismos y tratar de alcanzar la armonía. Saber qué nos pasa, descubrir el motivo cuando estamos molestos, enojarnos si lo creemos necesario. Expresar nuestros sentimientos, angustia y problemas para poder sacar todo afuera. Animate a llorar si crees que es necesario, a enojarte o incluso sentir rabia. Mostrarse sensible y vulnerable no es malo. Sensible es la persona que puede sentir y experimentar sensaciones y reaccionar de acuerdo con lo que siente. Cuando alguien es muy sensible es porque sus sentimientos ocupan la mayor parte de su espacio vital, y eso nunca es malo.

Todos tenemos una personalidad con matices que la hacen única e irrepetible, la cual se forma a partir de la relación que se establece entre nuestras características y condiciones biológicas, la influencia del medio social en el que nos hemos desarrollado a lo largo de la vida y nuestras particularidades psicológicas, pues no todos percibimos y aceptamos la vida de igual forma.

La autoevaluación tiene gran peso en el desarrollo armónico de la personalidad y en la eficacia al proponernos un determinado nivel de aspiraciones. El desarrollo de la autoevaluación adecuada como fuente de satisfacción y de un nivel de aspiración adecuado, no sólo favorece nuestro bienestar, sino evita las frustraciones que puedan aparecer en nuestra vida.

¿Qué es el Reiki?

Hace más de 3.000 años los sabios chinos desarrollaron una disciplina muy avanzada para sus tiempos conocida como Chi Kung, cuyo fin era estudiar la energía del universo. Esa disciplina es en realidad la base del Reiki.

En japonés Rei significa santo, espìritu, misterio, don. Ki significa energía, escenario natural, talento, sentimiento. El ki, a su vez, está compuesto por dos fuerzas, el Yin y el Yang, polos opuestos y complementarios, uno femenino y otro masculino. En el cuerpo humano cualquier desequilibrio entre estas fuerzas yin y yang es la causa primera de la enfermedad, y por eso el Chi Kung médico desarrolló, ya en ese entonces, algunas disciplinas que ayudaban a equilibrar estos polos, por ejemplo ciertos ejercicios físicos conocidos hoy como tai chi chuan o técnicas sofisticadas como la acupuntura.

El reiki trabaja directamente sobre los centros de energía que rigen distintos órganos y sistemas, conocidos como chakras, para que la persona recupere el equilibrio de su ki, y se sane así de cualquier enfermedad física o espiritual que la aqueje.

En conclusión este año la meta es alcanzar la armonía y mostrarnos tal cual somos. Confiar en nosotros y llenarnos de energía para encarar el nuevo año.

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