De sol y de sombra
Para pasar el verano sin pena y con gloria, no basta con saber combinar los cálidos rayos del sol con la refrescante sombra.
La protección sigue siendo un rito indispensable, que varía según el lugar: la playa, la montaña o la ciudad.
Si bien no todo lo que brilla es oro, el sol -con moderación- contiene algunos beneficios para la salud: "La luz solar favorece a la
síntesis de la vitamina D, lo que sirve para mejorar la parte ósea de nuestro cuerpo", explica la Dra. María Antonia Barquin. Incluso,
el sol se puede usar con fines terapéuticos. "En el caso de la psoriasis, por ejemplo, los rayos UV favorecen la regulación de la
formación de la enfermedad. Los pacientes con vitiligo también se ven beneficiados, ya que el sol se utiliza para estimular la
repigmentación de las zonas afectadas. Esto no significa que si uno padece estas dolencias debe estar todo el día tendido al aire libre,
sino que tiene que cuidarse con filtros para poder usar el sol a favor", advierte la dermatóloga.
Entonces, ¿cómo tomar sol sin morir en el intento?
Lo ideal es comenzar con 15 minutos diarios de exposición e ir incrementando de a 10 minutos con el correr de los días. Es fundamental
utilizar un protector y no exponerse entre las 11 y las 15 hs., porque en ese horario la radiación ultravioleta es más intensa y
produce quemaduras. "La ropa liviana para no transpirar, los anteojos oscuros con protección contra los rayos del sol y los gorros
también son de gran ayuda", asegura Barquin.
Los especialistas recomiendan aplicar protectores solares con factor 15 como mínimo, porque evitan que el exceso de radiación dañe
la piel. Estos productos filtran los rayos, pero bajan su efectividad a medida que pasa el tiempo. "Por eso, hay que repetir la
aplicación cada hora y después de una excesiva sudoración o inmersión, incluso en el caso de productos a prueba de agua", sostiene
Barquin.
Fototipos o tipos de piel
El fototipo es la capacidad de la piel para hacer frente a las radiaciones solares. Existen cuatro fototipos que dependen del color de
la piel, del pelo y de la capacidad para broncearse:
1- Las personas pelirrojas suelen tener el cutis más pálido, con una piel que casi siempre se quema, apenas se broncea y suelen
sufrir reacciones fotoalérgicas. Protección recomendada: pantalla Total y solares con SPF por encima de 20.
2- Corresponde a los de pelo rubio con piel blanca, sensible y delicada, que casi siempre se queman y apenas se broncean. Protección
recomendada: solares con SPF de 15 a 20.
3- Es el fototipo más corriente. Corresponde a personas con cabellos castaños y pieles intermedias que enrojecen primero y se broncean
después. Protección recomendada: solares con SPF de 6 a 10.
4- Pertenece a cabellos morenos y pieles oscuras que se broncean con rapidez. Protección recomendada: solares con SPF de 4 a 6.
En la playa
• El yodo del aire de la playa fortalece al organismo: refuerza el sistema respiratorio.
• El mar tiene propiedades relajantes y curativas: sus algas y minerales reducen las inflamaciones y dolores reumatoides.
• La arena y el mar hacen que la refracción de los rayos UV sobre la piel sea más directa, lo que aumenta las posibilidades de sufrir
quemaduras.
• "También suele aumentar el calor. Esto produce deshidratación (se recomienda aumentar la ingesta de líquidos a 2 y 1/2 litros por día)
y fotoenvejecimiento de la piel por la acción de los rayos UV. En el largo plazo, el daño actúa sobre el ADN celular provocando
modificaciones que hasta pueden desencadenar en tumores", agrega la Dra. María Antonia Barquin, coordinadora de la campaña nacional de
prevención de cáncer de piel de la Sociedad Argentina de Dermatología.
• El pelo merece especial atención, ya que tanto el sol como la sal marina dañan la cutícula de la célula y reducen su contenido de
melanina, dejándolo seco, poroso y áspero. Para contrarrestar estos efectos, utilizar máscaras capilares con filtro solar.
En la ciudad
• El cemento aumenta el efecto dañino del sol, ya que sus rayos reflejan hacia el cuerpo el 85% de la radiación.
• Los recaudos deben extremarse cuando se trabaja al sol, ya que la sudoración aumenta, se corre riesgo de deshidratación y de sufrir
un golpe de calor: si la temperatura exterior es muy alta y no se reemplazan de forma adecuada las pérdidas de líquido se desencadena
una insolación. El contenido de agua corporal se reduce, la tensión baja y aparece un cuadro de debilidad y calambres. Para evitar la
deshidratación es necesario aumentar la ingesta de agua y utilizar ropa liviana.
• Aumentar la protección con un factor mínimo de 15, en las zonas que el resto del año están cubiertas: el borde de las orejas y la zona
anterior del pecho.
Bajo la sombra
• La sombra se presenta como la mejor alternativa para protegerse verdaderamente del sol. "Incluso en los días muy nublados, aunque el
sol no se vea, los rayos UV actúan. Protegerse bajo techo, con sombreros o sombrillas, es importante en estos casos", explica Barquin.
En la montaña
• El riesgo de quemaduras aumenta con la altura porque los rayos se absorben menos en la atmósfera: cada 300 metros, el poder dañino
de los UV crece un 4%.
• "Los vientos del verano, que soplan en las alturas, muchas veces confunden. Las personas no sienten calor y no se protegen,
provocando fotodaños, manchas y el cambio en el aspecto de la textura de la piel (se vuelve más rugosa)", explica la Dra. Patricia
Troielli, secretaria general de la Sociedad Argentina de Dermatología.
• Por el impacto de la brisa, la piel se suele secar con mayor facilidad. "Para paliarlo, no basta con una crema nutritiva, es necesario
sumarle el uso de protectores solares y cosméticos con factor de protección", explica la especialista.
• Hay que tener en cuenta la ubicación del lugar de veraneo: la luz solar es más fuerte a medida que nos acercamos al Ecuador.
• En alta montaña se recomienda el uso de pantallas con factor 30 ó más, fundamentalmente en las zonas más expuestas: nariz, pómulos
y frente.
Ojo con los ojos
Estar expuesto por largos períodos a la radiación ultravioleta (UV) puede aumentar la probabilidad de sufrir enfermedades de ojos, como
cataratas y conjuntivitis, ya que la reflexión de la luz refuerza la acción de los rayos solares. Los especialistas recomiendan no
mirar al sol: la luz intensa puede dañar la retina. Para proteger los ojos, utilizar lentes incluso los días nublados o lluviosos,
que tengan protección contra los rayos ultravioleta. Esta protección no tiene relación alguna con la oscuridad de los cristales.
Así actúan los protectores
Filtran o eliminan las radiaciones ultravioletas A y B, impidiendo que la piel se dañe. Disminuyen la energía perjudicial de la
radiación UV. En materia de componentes, los más nuevos están constituídos por micro pigmentos ultra finos, cuyas partículas no pueden
obtenerse mecánicamente, sino mediante procesos químicos. Los dos pigmentos más comúnmente utilizados son: el óxido de zinc y el dióxido
de titanio. Un dato alentador: en los últimos cinco años, la venta de bronceadores cayó un 34% mientras que la de protectores solares
aumentó un 33%.
Chicos: con el sol no se juega
Debido a la intensa radiación que llega a la atmósfera en esta época, los expertos recomiendan que los menores de 15 años utilicen un
protector solar con - por lo menos- factor 30, sólo salgan de sus casas con sombrero y no practiquen deportes entre las 11 de la mañana
y las 3 de la tarde. Los bebés con menos de seis meses no deben estar expuestos, directamente, a los rayos ultravioleta por ningún
motivo.
Una producción de la revista Sophia.